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martes, 16 de febrero de 2010

debilidades/esperanzas.

Te veo venir, me ves esperarte. Y aunque mis ojos apuntan hacia ti, no te estoy viendo en realidad. Es una mirada vacía, vagante en otras realidades. Te sientas a mi lado y adviertes algo extraño en mi. Tomas mi cuello, penetrandome con tu mirada, llena de preguntas. Muchas veces no entiendes qué pasa conmigo. Me mirabas, tú sólo me mirabas sin emitir sonido alguno. Las palabras no sobraban, faltaban. Nunca oía lo que quería, nunca oías lo que tú querías. Nunca llegábamos a un acuerdo. Leones hambrientos intentando compartir algo.

Me seguías mirando, los silencios suplicando respuestas. En mi rostro inexpresivo comenzaban a rodar finas lágrimas...no siempre lograba ser la mujer súper poderosa, la mujer maravilla que quería. La que pensaba que no necesitaba de nada ni nadie, la autosuficiente, la que no creía en sentimentalismos absurdos, la que creía que todos vienen con malas intenciones, que todos vienen para fregarte la existencia, a vivirte y no a vivir contigo. Yo tenía que ser más fuerte que eso, me decía a mi misma. Fuerte. No siempre se puede ser fuerte. No siempre se puede vivir tan cerrado.

Ese era el momento en el que todas las cosas se juntaban y poco a poco me consumían... y allí estabas tú, esperando. Intentando comprenderme, amarme.

27/01/2010

jueves, 7 de enero de 2010

Entre el deseo y el deber.

Saboreas el último pedazo de casabe. Sientes como éste viaja lentamente por tu garganta. Piensas, no sabes qué hacer. Te sientas, te levantas, te vuelves a sentar. Lo piensas, lo piensas y lo vuelves a pensar. Tus dedos sobre tus mejillas, sobre tu frente, dan fe de ello. Tienes claro lo que debes hacer pero el deseo, siempre el bendito deseo, te condena y se adueña de ti. Lo que debes hacer y lo que DESEAS hacer. Comerle los labios y la vida sin pensar en terceros, en los demás, en el futuro, en el después.

Tienes una vida, tienes ocupaciones y responsabilidades, tienes aspiraciones e ideales muy separados en el tiempo de los de ella. El tiempo que nunca favorece y más bien entorpece. Siempre atrasado o adelantado, nunca exacto.

Ves su sonrisa y todo el discurso anterior, todos los “adiós” y peleas pasadas se desvanecen, te dices “TENGO QUE ESTAR CON ELLA”. Imaginas las noches de amor con ella, los tibios despertares. Su olor por las mañanas… te encanta su olor por las mañanas, te encanta que dure mil horas duchándose. Hasta su aliento te encanta, te parece familiar. Podrías estar desnudo sobre su cintura el resto de tus días. Lo sabes.

Trabajar, casarte, tener tu casa, sentirte estable. Lo que tú y todas las personas de este mundo buscan. Estabilidad. Buscas estabilidad, justo esa estabilidad que ella, en este momento de su vida, lleno de tantas y tantas cosas, no puede darte. Pero igual quieres estar con ella.

En tu cabeza retumba “estabilidad…estabilidad”… no queda más remedio que el adiós y tres “lo siento” al final.

martes, 22 de diciembre de 2009

- Descubrimientos #1.

Empezó a cantarme, claro, es un manipulador de nacimiento y sabía que me podía comprar con música: “kiss me, out on the bearded barley nightly beside the green green grass... swing swing, swing the spinning step, you wear your shoes and I will wear that dress...” ; “Don't know what you saw in me, Sometimes I want to be enough for you, Don't ask, Know that it's understood” ; “I was made to believe I'd never love somebody else, Made a plan stay the man who could only love himself, Lonely was the song I sang, til the day you came, Showing me another way, and all that my love can bring…” ; “Friends, lovers, or nothing, There can only be one. Friends, lovers, or nothing, We'll never be the in between, So give it up”.

Me ofreció millones de veces sus disculpas durante no sé cuántas horas hasta que las acepté…quizás lo hice para que dejara de hablar, en momentos como ese quería pausar el momento, darle a mute y no seguir escuchándolo, porque para mí, en ocasiones como esa, nada tenía sentido. Después de eso me quedé profundamente dormida.

Amaneció…y cuando, por fin, recuperamos la movilidad de nuestros cuerpos, de la nada sentí que me besaba, por primera vez, sin toque lascivo, sin toque irónico, burlón, sarcástico. Era algo mucho más sincero, mucho más profundo, algo que iba mucho más allá. En ese momento, de sorpresa y desconcierto, nos dimos cuenta lo que en realidad significaba estar juntos, día y noche, al despertar y al dormir, al hacer el amor y al leer un libro, al pelear y al sonreírnos. Nos dimos cuenta de lo realmente importante.

21/12
3:54am

Descubrimientos #1.

Foto tomada por mí.

Apenas y podíamos medio abrir los ojos. La brillante y molesta luz del sol a las 7am nos cegó por completo, aunque era invierno y se supone que el sol debe brillar menos. No sentíamos nuestros cuerpos. Intentamos mover nuestras piernas y cuellos pero era algo parecido a una misión imposible. Habíamos pasado toda la noche acostados en el piso frío de la parte trasera de la casa y estábamos congelados hasta las pestañas. Todo porque, como siempre, como todas las noches, terminamos peleando por cualquier cosa.

Al rato, con el aumento de temperatura, gracias al increíble sol de ese no común invierno, lo primero que pudimos mover fueron nuestras manos, nuestros dedos… fue cuando nos dimos cuenta que estaban unidas, que habían permanecido unidas todo la noche. Paulatinamente, recuperamos la movilidad de nuestro cuerpo y enseguida logramos mirarnos. Nos mirábamos, siempre lo hacíamos, no parábamos de hacerlo, las miradas no esconden mentiras, las mentiras que solíamos decirnos cuando peleábamos. Sólo nos mirábamos, a pesar de ser unos habladores de primera… pero es que definitivamente, ambos éramos distintos cuando estábamos juntos, completamente.

Aunque ya habíamos recuperado las fuerzas para movernos, levantarnos, irnos hacia el interior de la casa, tomarnos un chocolate caliente y empezar a trabajar, cada uno en su laptop, cada uno en lo suyo, ninguno de los dos quería moverse de ese lugar. Era como si una magia nos hubiera envuelto en ese lugar y momento y nos permitía ver un mundo más amable, menos amargo, más accesible. El “no podíamos” se convirtió en un “no queríamos” salir de allí… y ahí nos quedamos, recordando, cada uno a su manera, la forma en la que habíamos llegado hasta ese lugar.

Estábamos en la sala, discutíamos porque toda su vida era siempre el trabajo, mañana hacer planos, en la tarde modificar planos, en la noche revisar planos. Peleaba por un poco de atención, por un poco de amor, por un poco de valoración. Sí, así como lo hacen los nenes con sus berrinches, porque al lado de él me convertía en una completa bebé. Me hacía sentir como un objeto en ocasiones, también. Como siempre, negó todo lo que le decía, claro, porque él siempre tenía la razón. Lo dejé hablando solo, como lo hacía cuando se ponía así de necio, cuando no quería seguir hablando, peleando, cuando ya las fuerzas, ganas y paciencia para seguir se extinguían. Lo dejé hablando solo. No quería verlo. Quería estar sola y me fui a la parte trasera de la casa, me dejé caer sobre el piso frío. Siempre me ha parecido tan tranquilizante tirarme al piso a pensar en nada.

Él sabía lo sensible que era y que, seguramente, estaría tirada en el piso, llorando. Luchaba con su lado frío que lo hacía pensar “¿y a esta muchacha qué le pasa?” y con su lado humano “¿qué rayos he estado haciéndole? Como pude ser tan animal”. Pero ganaba la mayoría de las veces el orgullo, lo frío. A pesar de ello, fue hacia donde estaba yo, me vio tirada en el piso, se acostó a mi lado… lo único que dijo fue “miss u niña”. Cerré mis ojos y gire mi cabeza hacia el lado contrario de la suya… no dejaba de mirarme. Su orgullo estaba consciente del daño que él había estado ocasionándome a lo largo de 4 meses.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Amor de entrega total (II)

Giraste tu cabeza hacia la mía, yo ya estaba mirándote. Mis labios pronunciaron "Te quiero". Los tuyos "Te quiero mi niña". Siempre me gustó que me llamaras "mi niña", me hacía sentir más tuya. Te inclinaste poco a poco sobre mi cuerpo y me besaste en los labios. Me besaste tierna y temerosamente los labios... porque sabías que después de ésta noche no había vuelta atrás. La historia se comenzaba a escribir, de nuevo. Mi corazón latía más fuerte con ese beso, dejándome llevar por tu dulzura, sin poder parar de comer tus labios. Tus manos se desviaron hacia mi rostro, tus dedos rebeldes acariciabam su contorno, deslizándose luego lentamente por mi cuello y por mi pecho... el fuego recorría mi cuerpo. Tus caricias vehementes le cerraron la puerta a los miedos, penas, prejuicios y normas, abriéndosela a la pasión, locura, demencia, ternura, electricidad y amor. Sobre ti, empecé a quitarte la franela, acariciando a la vez tu pecho, sintiendo como se erizaba cada centímetro de tu piel... tu respiración se aceleraba cada vez más con cada segundo que pasaba... me deshice de tu bermuda, muy linda pero muy inoportuna también. Te volcaste sobre mí juguetonamente, quitándome también la bermuda que vestía, esa que tanto te gustaba ver en el suelo. Me devoraron tus besos, moldeaste a la vez mi cuerpo con tus caricias. Yo me encargaba de dejar mis huellas salvajemente por tus peludos muslos, presionando tu trasero contra mis caderas, rozando tu espalda con la mayor de las ganas y pasiones, aferrándome con fuerza a tu cuello, como si fueses un salvavidas, mi salvavidas. Me poseíste. Te poseí. Susurramos al unísono te quiero al cesar el huracán en nuestros cuerpos.

Amaneciste con tu cabeza sobre mi abdomen, aferrado a mí, atrapándome, por si acaso se me ocurría escapar... sabías lo escurridiza que era. De mis ojos sólo brotaba felicidad, esa que no te cabe en el pecho, que no te cabe en la sonrisa, que te ahoga, que no te deja ni dormir… esa felicidad que jamás había sentido con tanta plenitud, tan pura que sólo podía provenir del amor. Yo sólo te observaba. Tu sonreías ante mis miradas, mientras tu dedo índice empezó a deslizarse entre la línea que divide cada uno de mis pechos, siguiendo esa línea recta llegando hasta mi ombligo... tu mirada me transmitía felicidad y a la vez nostalgia porque el fin de éste maravilloso sueño estaba próximo, el viaje había acabado... pero estabas feliz porque en ese viaje habíamos conocido el éxtasis, la locura, el amor, la entrega… juntos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Amor de entrega total (I)

Tú tenías la costumbre de raptarme y sacudirme el estrés que a diario me azotaba. Ésta vez se te ocurrió la brillante idea de llevarme a una playa, sin rastro de civilización a sus alrededores e iluminada únicamente por un faro. El lugar estaba increíblemente desierto. Te dije "ahora sí te afectó el sereno, ¿qué hacemos aquí en medio de ésta oscuridad?" (12MN). Él respondió dulcemente, tratando de rebajar mi antipatía y mal humor: "tranquila mi niña, te traje hasta aquí para ver las estrellas, como lo soñamos tantas veces, tantas noches". Mi respuesta fue un beso en su pequeña oreja seguido de "no sé cómo logras aguantarme", él me susurra "tonta, lo hago porque te quiero". Risas cómplices.

Una vez que terminamos de bajar las cosas de tu carro, una carpa, una colchoneta, dos mantas, agua y chocolate como para un batallón, tendimos una de las mantas sobre la arena. Te acostaste sobre ella, yo también, posando una de mis manos sobre tu pecho, tú bordeaste mi cintura con una de las tuyas. Corazones latiendo a millón por segundo.

Como si fuesemos astrónomos, pero unos de muy, muy baja categoría, empezamos a observar el cielo y decidimos buscar otras formas en él, ya que no le veíamos atractivo ni sentido a la osa mayor, menor y otra de la cual jamás recordamos el nombre pero que parecía un papagayo humano. Distinguimos un grupo de estrellas formando nubes de algodón, formando el rostro del perrito que siempre hemos querido pero que nunca decidimos comprar, una cuchara y otro grupo formando un átomo de cloro, con un potencial de ionización tan fuerte como la existente entre nosotros. Así de demente era contigo, así de demente eramos juntos. Empezamos a ver que, de repente, las estrellas empezaban a mostrar las iniciales de nuestros nombres... quedamos perplejos. Nos miramos al instante, sorprendidos. El silencio nos invadió unos segundos. ¿Será una señal del destino? ¿Será que el destino sí existe y gobierna nuestras vidas? ¿Mi destino estará junto a él? ¿Qué estoy haciendo?... esas eran las preguntas que , al mismo tiempo, me hacía a mí misma, como siempre de filosófica, tratando de encontrar el origen y el sentido de las cosas... creo que tú también te hacías estas preguntas porque siempre eras tan complicado como yo.

lunes, 10 de agosto de 2009

Brillamos juntos aquella noche.

Ésta vez no brilló el desencuentro,
brillamos nosotros junto con la luna en cuarto menguante.

Brillamos juntos con tus risas y mis chistes,
tú con tus grabaciones,
yo con mis imitaciones...
tú de nuevo con tus chistes y grabaciones.

Brillamos juntos aquella noche.
Yo aplicando mis teorías psicológicas al mundo,
a nuestro mundo...
Tú, riendo, tratando de seguir las mil palabras
que yo decía por segundo.

Escuchando tu risa,
comprendí que son los pequeños detalles
de la vida los que nos hacen
fugaz y verdaderamenre felices.
Comprendí los efectos que produce
en nuestro cerebro
en nuestro cuerpo
un "Te Quiero".
Ése que tímidamente nos dijímos.
Inyección de Serotonina y Dopamina juntas.
Nos dió un brinco el corazón.

Aunque las tormentas que trajo la noche
intentaron nublar y apagar nuestra luz,
sabemos que tomados de la mano
nada nos puede vencer,
apagar,
tocar.

Brillamos juntos aquella noche.
Amanecimos con un dulce sabor
en nuestros labios,
inundando nuestro alrededor
con la brillantez de nuestras miradas.

09/08 - 12:39MN

Cuando te quitaste los miedos.

... y allí estaban ellos en aquella habitación. Podría estar pasando cualquier cosa afuera pero en ésa habitación, testigo de todas sus locuras, corduras y amores, todo era distinto.

Ella estaba sentada en el sofá. Él estaba parado frente a ella. Empezó a quitarse la ropa. Se liberó de la corbata, seguidamente de los zapatos, se quitó la camisa, desabrochando botón por botón, lentamente... él no quitaba su mirada de la de ella. No sólo se estaba quitando la ropa, se estaba quitando los miedos, dejando con cada prenda sus tristezas, decepciones, dudas, errores, rabia, atrás. Se estaba liberando de esa piel muerta que no lo dejaba entregarse por completo.

Ella, frente a él, inmóvil, sólo lloraba. Su mirada era serena, sus lágrimas de alegría. Sí, de alegría, porque al fín había entendido el por qué de todo lo que les había pasado, por fin reconocía cuál era su destino. Por fin logró penetrar el alma de él, a pesar de todos los muros, a pesar de todos sus candados. Por fin vió que toda la batalla había valido la pena. Porque lo tenía a él. Había logrado que él, finalmente, se entregara no sólo en cuerpo, sino también en alma, corazón y mente. Lo tenía a él. No lo podía creer.

Se liberó de su pantalón y boxer... estaba desnudo. Ella se levanto y lo abrazó, con ternura y desespero. Así quedaron, abrazados, ambos con lágrimas de felicidad en sus ojos... la batalla y las heridas habían valido la pena. Están juntos.

04/08 - 2:10am